lunes, 10 de junio de 2019

La cornuda. 2


    Hacía una semana que las redes sociales y los medios divulgaban la foto de Gabriela, una médica de la ciudad de la que no se sabía nada. Había desaparecido sin dejar huellas, sus objetos personales no se encontraban por ninguna parte y nadie sabía dónde podía estar. Su hermana Rafaela, mejor amiga y confidente, había comenzado la campaña de búsqueda dos días atrás, preocupada, ya que Gabriela había tenido una discusión con su novio.


   Bah, su novio. Así le había llamado hasta hace una semana Gabriela al hombre con el que tenía una relación de dos años y del que había descubierto hacía muy poco que estaba casado. Su hermana era temperamental y cuando se enojaba, la furia explotaba en ella con una verborragia irrefrenable. Gabriela había confiado en ese hombre. Planeaba una vida con él. Había estado visitando departamentos para poder irse a vivir juntos y tener un espacio cómodo. Todo se derrumbó cuando supo la verdad.


   De repente el mundo de Rafaela había cambiado radicalmente. De un día para el  otro solo sabía de recorrer medios, buscar fotos, ir a la comisaría, al juzgado, pedir que compartan la imagen con los datos de su hermana a todo el mundo. Agotaba todas las instancias con la esperanza de encontrarla con vida. Sin embargo, cada día, esa esperanza se apagaba un poco más.


   Nadie había podido comunicarse con el novio de su hermana. En un llamado que le hicieron desde el juzgado, dijo que no estaba en la ciudad, que no podía concurrir a dar su testimonio ante el juez. Luego dijo que estaba en otro lugar al fiscal. Sabían que mentía. Rafaela temía lo peor.


   Al encender la televisión, el canal de noticias le daba una de las peores primicias: el cuerpo sin vida de Alejandro González había sido encontrado sin vida en la habitación del hotel en donde siempre se alojaba. (¿Cómo no se le había ocurrido ir a buscarlo allí?). Al lado de su cuerpo había una pistola y sobre la mesa de luz un pasaje con destino al pueblo en donde vivía con su familia para la esa misma noche. La última esperanza que tenía de encontrar a su hermana comenzaba a disiparse.

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