lunes, 10 de junio de 2019

La cornuda. 15


 En su despacho, el juez revisaba una  y otra vez las imágenes de las cámaras de seguridad. Había querido hacerlo personalmente, para corroborar que nadie había visto nada extraño la noche de la desaparición de Gabriela Sáenz. Nadie la había visto salir de su departamento, ni había vuelto a tener contacto con ella. Se había esfumado. 


    Algo lo hizo parpadear. En la pantalla, al otro lado de una plaza, una camioneta vieja se desplazaba por la noche en que Gabriela desapareció. No podía descubrir desde qué lugar había aparecido, ni tampoco mucho el color, ya que la imagen, en blanco y negro, era bastante borrosa. Del ángulo en que la cámara filmaba, no tenía forma de ver la patente, ni los rostros de quienes viajaban en ella.  Sólo la veía aparecer y desaparecer en la noche, como un fantasma.


   Solicitó ampliación de las imágenes, mejora de la calidad, tomas suplementarias de otras cámaras. La camioneta no se vislumbraba por ninguna parte. Nadie le supo contestar por qué del otro lado de la plaza no habían cámaras de seguridad.

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